La respuesta rápida
Sí se puede poner aerotermia en un piso, y técnicamente suele ser más fácil que en un unifamiliar: menos superficie que calentar, menos fachada expuesta al frío —los vecinos de arriba, abajo y al lado te aíslan gratis— y por tanto menos potencia necesaria. La máquina no distingue entre un tercero y un chalé.
Lo que decide de verdad son tres cosas prácticas: dónde colocas la unidad exterior, si ese sitio es tuyo o de la comunidad, y dónde cabe el acumulador de agua caliente dentro de casa. Resueltas esas tres, el resto es una instalación normal. Sin resolverlas, no hay presupuesto que valga. Las vemos una a una.
Dónde va la unidad exterior
La bomba de calor necesita una unidad fuera que coja calor del aire, y eso significa aire libre circulando a su alrededor. No vale meterla en un armario cerrado, en un hueco sin ventilación ni encajada entre dos muros a un palmo: si respira el aire que ella misma acaba de enfriar, el rendimiento se hunde. Por orden de facilidad, estas son las ubicaciones habituales en un piso:
- Terraza o balcón propio. La opción cómoda. El suelo es de uso privativo, hay aire de sobra y el recorrido de tuberías hasta el interior es corto.
- Tendedero o galería. Funciona si está abierto o con celosía que deje pasar aire de verdad. Es donde suele acabar en pisos de ciudad.
- Patio interior. Válido, con dos avisos: el patio es elemento común, y si es pequeño y cerrado hay que comprobar que el aire se renueva. Un patio estrecho con cinco máquinas es un problema de rendimiento para todas.
- Cubierta del edificio. Buena solución técnica —espacio, aire y lejos de las ventanas— pero exige permiso de la comunidad, una bajada de tuberías por patinillo y un recorrido largo que encarece la instalación.
- Colgada de la fachada. Es lo que ya se hace con los aires acondicionados. Manda el criterio de la comunidad y, en cascos históricos, también el del ayuntamiento.
Hay una variante que simplifica mucho la vida en piso: los equipos monobloc, que llevan todo el circuito de refrigerante dentro de la unidad exterior y hasta casa solo entran dos tubos de agua. Eso reduce la obra dentro de la vivienda y evita pasar línea frigorífica por zonas comunes, aunque obliga a proteger esas tuberías del hielo. Lo contamos en la guía de cómo se reparte el calor.
El permiso de la comunidad, sin dramas
Aquí está el nudo real de la mayoría de instalaciones en piso. La regla de fondo es sencilla: la fachada, la cubierta y los patios son elementos comunes del edificio, aunque tú los uses en exclusiva. Tu balcón es de uso privativo por el suelo, pero lo que se ve desde la calle sigue siendo fachada. Así que cualquier cosa que se ancle ahí pasa, en principio, por la comunidad.
La buena noticia es que la Ley de Propiedad Horizontal trata las obras de mejora de la eficiencia energética y las instalaciones de aprovechamiento de energías renovables con una mayoría reforzada de tres quintos, no con la unanimidad que mucha gente teme. No es un derecho automático a instalar lo que quieras donde quieras, pero sí un marco bastante más favorable que el de una obra estética cualquiera. Y en la práctica, en un edificio que ya tiene diez unidades de aire acondicionado colgadas, oponerse a una bomba de calor por criterio estético se sostiene poco.
Cómo plantearlo para que salga bien:
- Habla con el administrador antes que con el instalador. Que te diga qué dicen los estatutos, si hay acuerdos previos sobre fachada y cuándo es la próxima junta.
- Lleva la propuesta concreta, no la idea: modelo, medidas, ubicación exacta, nivel sonoro declarado y cómo queda visto desde fuera. Una foto montada convence más que diez minutos de explicación.
- Ofrece la solución uniforme. Si propones el criterio que servirá para los siguientes vecinos que quieran hacer lo mismo, dejas de ser el caso raro y pasas a ser el que resuelve el problema de todos.
- Comprométete con lo que preocupa. Antivibratorios, mantenimiento a tu cargo y reparación de la fachada si algún día se retira. Es lo que la junta quiere oír.
Y una advertencia honesta: esto es el principio general, no un dictamen sobre tu edificio. Los estatutos de tu comunidad pueden decir cosas concretas, y en suelo protegido o casco histórico manda además la ordenanza municipal. Consúltalo antes de comprar nada.
El acumulador y el espacio dentro de casa
La aerotermia produce agua caliente sanitaria, y eso hay que guardarlo en algún sitio. Un acumulador para una familia ocupa aproximadamente lo que una nevera alta y estrecha, y pesa bastante más cuando está lleno. En un unifamiliar va al cuarto de instalaciones y no se habla más; en un piso hay que decidir dónde, y esa decisión suele ser la segunda conversación difícil después de la comunidad.
Los sitios que funcionan: el hueco donde estaba el termo eléctrico —si da la medida, es el ideal—, la galería, un armario de la cocina o del pasillo con ventilación, o el trastero de la vivienda si está dentro del perímetro. Lo que no funciona: un armario hermético sin acceso para el mantenimiento, o un altillo donde no puedas llegar a las conexiones.
Si el espacio es el problema, hay dos salidas. Una es el equipo compacto con acumulador integrado, que junta todo en un mueble único y ahorra recorridos. La otra es dimensionar un acumulador más pequeño asumiendo que se recupera más rápido, lo que en un piso de dos o tres personas suele ser perfectamente razonable. Lo que no recomienda nadie es quedarse corto de litros para dos duchas seguidas y descubrirlo en enero.
Qué haces con los radiadores
En un piso lo normal es que ya haya radiadores de una caldera individual o de la calefacción central del edificio. La pregunta es si valen: la bomba de calor rinde con agua templada y esos radiadores están calculados para agua muy caliente. Si son justos de tamaño para la estancia, con agua a baja temperatura no calentarán lo suficiente los días fríos.
La buena noticia es que en pisos la cuenta sale mejor que en unifamiliares: al tener vecinos arriba, abajo y a los lados, las pérdidas de calor son menores, así que los radiadores existentes tienen más margen para funcionar a temperatura moderada. Aun así, que te lo comprueben radiador a radiador y te lo pongan por escrito, no de palabra.
Si además quieres aire acondicionado, los radiadores no te lo van a dar: ahí entran los fancoils o los conductos, que trabajan con aire y sirven para las dos estaciones. El suelo radiante es la mejor pareja de la aerotermia en rendimiento, pero en un piso habitado significa levantar el pavimento entero, así que solo tiene sentido si vas a reformar de todas formas. Cada camino, con sus precios, está en la guía de radiadores o suelo radiante.
Ruido y vecinos
Es el miedo que más se repite en las juntas y el que menos se corresponde con la realidad de un equipo moderno bien montado: hace un ruido del orden del de un aire acondicionado, y la mayor parte del tiempo trabaja a media carga, no a tope. Los problemas, cuando aparecen, casi siempre vienen del montaje, no de la máquina.
Las tres cosas que los evitan: apoyar la unidad sobre soportes antivibratorios —una máquina atornillada a hueso transmite vibración por toda la estructura—, elegir la ubicación pensando en las ventanas ajenas y no solo en las tuyas, y usar el modo silencioso nocturno que traen casi todos los equipos. Ten en cuenta además que los ayuntamientos tienen ordenanzas de ruido con límites más estrictos de noche, y que quien reclama tiene razón si se superan.
Cuándo no encaja
Por honestidad, los casos en los que la respuesta es que no, o que no compensa:
- Sin ningún exterior propio ni acceso a cubierta. Un interior sin balcón, sin patio accesible y con una comunidad que no autoriza la fachada deja la instalación sin sitio. No hay truco técnico que lo salve.
- Patio de luces saturado. Si ya hay varias máquinas amontonadas y el aire no se renueva, tu equipo rendirá mal y empeorará el de los demás.
- Comunidad que dice que no y estatutos que la respaldan. Pasa. Antes de gastar en un proyecto, ten el acuerdo.
- Piso pequeño con calefacción central en el edificio. Si ya pagas una central que funciona, el ahorro individual difícilmente justifica la inversión: la conversación interesante es la del edificio entero, no la de tu vivienda.
- Segunda residencia de uso esporádico. La aerotermia se amortiza con el uso continuado. Para quince fines de semana al año, no salen los números.
La opción que casi nadie plantea: todo el edificio
Si tu bloque tiene calefacción central con una caldera de gas o de gasóleo al final de su vida, hay una conversación que suele salir mucho mejor que la individual: sustituirla por aerotermia para toda la comunidad. La máquina va a cubierta, aprovecha el circuito de radiadores que ya existe y el coste se reparte entre todos los vecinos, así que la inversión por vivienda baja muchísimo comparada con montar cada uno la suya.
Tiene además ventajas que no se ven a primera vista: una sola unidad exterior en lugar de veinte colgadas de la fachada, mantenimiento profesionalizado y contadores individuales para que cada uno pague lo que consume. La pega es el ritmo: es una decisión de junta, con su estudio, su mayoría y sus plazos. Si tu caldera comunitaria tiene ya sus años, merece la pena poner el tema encima de la mesa antes de que se rompa en pleno invierno y haya que decidir con prisa.
Cuánto cuesta en un piso
Con los radiadores existentes, un piso sale por 65-80 € el metro cuadrado: unos 4.550-5.600 € en 70 m² y 6.500-8.000 € en 100 m². Si quieres además aire acondicionado con fancoils o conductos, la horquilla del piso de 100 m² pasa a 8.500-12.000 €. Y si de momento solo te interesa cambiar el termo por una bomba de calor de agua caliente, son 1.900-5.900 €.
Un matiz propio del piso: por debajo de unos 70 m² el precio no baja en proporción a los metros, porque el equipo, el acumulador y la mano de obra son costes fijos. Y si la unidad exterior tiene que ir a cubierta, cuenta con el recorrido largo de tuberías como partida aparte. Tienes la calculadora con tus metros en la guía de cuánto cuesta la aerotermia.